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Los precios se resisten

 

La inflación sigue alta y peligrosamente cerca del 10% anual, según los últimos datos divulgados por el Instituto Nacional de Estadística. En parte, es algo esperable porque el dólar ha subido 23% en el último año, y eso incide en los precios de los bienes importados y en los productos que –además de consumirse en el mercado local- se exportan.

Aun así cuesta entender cómo –en una economía que está frenando- hay precios que suben 10% o más. Parte de la explicación surge de la actitud de los agentes comerciales y de los propios trabajadores. En los últimos días he hablado con comerciantes de distintos rubros. Muchos me cuentan que, hasta ahora, habían limitado las subas de precios, con la esperanza de superar los mayores costos con más volumen de ventas. Pero esto llegó a un límite: las ventas se han frenado o han caído, por lo que varios han decidido ajustar gastos y -además- ‘pasar a precio’ los mayores costos que enfrentan. Nadie trabaja mucho tiempo perdiendo plata.

Además, el acuerdo de precios voluntario, promovido por el gobierno y aceptado por los principales empresarios minoristas, implicó –era esperable- que aumentaran los precios de varios productos, antes de que el acuerdo entre en vigor (estará vigente entre noviembre y enero). ¿Picardía, mala leche o lógica actitud ante un congelamiento promovido por el gobierno? Tal vez, un poco de cada cosa.

Por su parte, los gremios más fuertes persisten en sus reclamos para mantener y –si es posible- aumentar el salario real (esto es, aumentar por inflación o un poco más). Pero si esto no se acompaña de mayor productividad, los empleadores terminan pasando los aumentos a los precios, es decir, a otros trabajadores.

Uno de los casos más ilustrativos es lo que ha sucedido en la construcción: fuertes aumentos de salario que –en buena medida- se han trasladado a los precios de las obras (viviendas, puentes, rutas). El gobierno –que promovió con énfasis la mejora salarial- ahora tiene un efecto boomerang porque se han elevado fuertemente los costos de la obra pública.

Así, luego de más de 10 años de aumentos permanentes, el poder de compra del salario se ha estabilizado, porque la inflación empardó los aumentos de sueldo. Para muchos, el sueldo está empezando a rendir menos y corren los precios de atrás. Aún con un ajuste anual por inflación, si ésta alcanza cerca de 10%, como ahora, eso implica una pérdida real de 5% anual en el ingreso.

¿Cederá la inflación? No es lo que puede esperarse en el corto plazo, entre otras cosas porque –necesariamente- Uruguay tiene que seguir procesando un aumento del dólar, para ponerse a tono con la región y el mundo. Somos un país caro y es necesario que el dólar suba por encima de la inflación, para que podamos mantener las exportaciones de bienes y servicios (p.ej. el turismo). Eso hará que la inflación se mantenga encima del 8% por un buen rato. Pero es preferible sostener los empleos con una inflación relativamente alta, que tener una inflación menor… con menos trabajadores cobrando el sueldo.

 

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Sobre El Autor

Periodista especializado en información económica y empresarial. Columnista de Subrayado. Su twitter es @NicolasLussich.

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