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Viernes de resurrección

Pasaron muchos años desde la primera vez que viví un clásico Uruguay- Brasil como periodista. 

Mis recuerdos de niño me traen los cuentos de mi padre sobre "Maracaná" o su repetido fastidio al rememorar cuando en México 1970 se cambió la sede de la semifinal del mundial para beneficiar a los "Pelé Boys".

Con la celeste en la piel de hincha puedo repasar la "Copa de Oro" con el grito enloquecido del Chifle Barrios y la furia goleadora de Waldemar Victorino, la monumental jugada de Victor Hugo Diogo en una noche mágica de Copa América o el gigantesco salto del Pato Aguilera en el "Fonte Nova" de Bahía.

Después llegó otra etapa. 

Frente a cámaras, añejas máquinas de escribir o micrófonos que temblaban con cada grito de gol, se repitieron algunas emociones del que saltaba hasta la afonía en la "Olímpica".

Relaté aquel brutal paseo que nos pegó el Brasil de Romario en Maracaná por la Eliminatoria que llevaba al Mundial de Estados Unidos, la final del 1995 en el Centenario con el gol de Pablo Bengoechea y el último penal de la definición ejecutado por Manteca Martínez, aquella noche de humillación, remontada y tiqui tiqui cuando JR pasó de derrotado a bailar a los verdeamarelos... 

Muchas anécdotas, notas, palabras ardientes, broncas, alegrías y tristezas.

Cualquier persona ajena a la pasión futbolera insistirá que no entiende como once futbolistas corriendo atrás de una pelota causan tanta conmoción.

Seguramente, la frialdad de Wikipedia para definir "Maracanazo" (llámase así al triunfo de Uruguay contra Brasil en 1950 por la final de la Copa Mundial) no tendrá una acertada oración que pueda describir con acierto al agitado latir de los corazones celestes ante un partido como este.

Nervios, ansiedad, efervescencia...

En conferencia de prensa, Óscar Tabárez, que el pasado 21 de marzo cumplió 10 años al frente de la Selección, definió el rol del conductor de un equipo de fútbol comparándolo con el de un educador que debe poner énfasis para cumplir su labor desarrollando una adecuada interacción entre cada integrante del grupo.

Es imposible obviar esa consideración ya que ha sido clave para el éxito. Este grupo es el equipo que nos une.

Por eso, cuando la pelota ruede en el "Arena Pernambuco", trancaremos cada pelota, impulsaremos cada tiro al arco o cada atajada de Muslera. 

Somos así. 

Futboleros.

Pasionales.

Caprichosos en nuestras creencias sobre garra, espíritu y coraje.

Brasil es un buen equipo y Neymar, un gran jugador. Uno de los más hábiles de toda la cercana historia. 

Dunga, el DT, es un caudillo que trancaba con los dientes ajeno al Jogo Bonito, dispuesto a dar batalla. 

Eso pretende de sus pupilos.

Pero todos los recuerdos, las discusiones futboleras, las especulaciones, pierden su duelo contra un acontecimiento que trasciende los capítulos que se escribieron sobre este clásico. 

Vuelve Luis Suarez.

Y se cruzan mil imágenes de golpe. 

La zona mixta tras el partido contra Italia, las deliberaciones, la defensa ante FIFA, la condena, la persecución, la sanción, su mágico momento en Barcelona, la euforia que genera en los hinchas, lo que habla la prensa internacional de él.

Por eso, cuando pasen los años, y definitivamente el "Pistolero" Suarez sea el futbolista más importante de todos los tiempos, podré contarle a las nuevas generaciones que yo estuve ahí, el día de su regreso mágico.

Fue un Viernes Santo y consta en las Sagradas Escrituras.

Porque fue una noche de resurrección.

 

SOBRE EL BLOG

Una colección de historias, opiniones, anécdotas y desvelos.- Recordando que en el deporte y la vida todo puede ser una falacia.-

Sobre El Autor

Domador de palabras, narrador de emociones, padre feliz y en construcción. Blog personal: robertomoar.blogspot.com

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